• 26 Julio, 2021

Con 99 años, murió el príncipe Felipe

 Con 99 años, murió el príncipe Felipe

El duque de Edimburgo muere tras haberse convertido en el consorte monárquico más longevo de la Corona británica, con más de setenta años junto a la reina Isabel II

El príncipe Felipe falleció este jueves, quien había sido dado de alta recientemente tras pasar varias semanas hospitalizado.

La Casa Real informó, a través de sus redes sociales, que “con profundo pesar que Su Majestad la Reina (Isabel II) ha anunciado la muerte de su amado esposo, Su Alteza Real el Príncipe Felipe, Duque de Edimburgo”.

El príncipe Felipe, agrega el comunicado “falleció pacíficamente esta mañana en el Castillo de Windsor“.

El príncipe Felipe muere tras haberse convertido en el consorte monárquico más longevo de la Corona británica, con más de setenta años junto a la reina Isabel II.

Su historia

El 6 de febrero de 1952, en una cabaña en lo alto de un árbol en Kenia, la vida del duque de Edimburgo dio un giro cuando su esposa, Isabel y heredera al trono británico, iniciaba el reinado más largo de la historia del Reino Unido.

Con 25 años, la entonces duquesa de Edimburgo había subido al refugio Sagana Lodge, en la localidad keniana de Kiganjo, como princesa y bajó como reina del Reino Unido y de varios países de la Mancomunidad Británica de Naciones (Commonwealth).

En esa jornada de febrero de 1952, al duque de Edimburgo le tocó la misión más delicada de sus cuatro años de matrimonio: comunicar a su mujer que su padre -el rey Jorge VI (1895-1952)- había muerto mientras dormía en la residencia de Sandringham (en el este de Inglaterra) y que ella ya era la jefa de Estado.

La noticia obligó a la pareja a regresar inmediatamente a Londres, donde le esperaba, al pie de la escalerilla del avión y vestido de riguroso luto, Winston Churchill, el primero de los 14 primeros ministros con los que a Isabel II le ha tocado departir durante sus casi setenta años de reinado.

A partir de ahí, la pareja real iniciaba un delicado proceso para consolidar la monarquía y adaptarla a los cambios que iba a experimentar el Reino Unido a lo largo de las décadas.

Cuando Isabel II llegó al trono, el Reino Unido aún atravesaba las dificultades económicas de la posguerra y había un profundo sentimiento anti-alemán entre la población.

En este ambiente, Isabel II tuvo la difícil misión de fijar el nombre de la Casa real británica y sopesar si era conveniente que llevase el apellido alemán de su marido, Mountbatten.

El duque de Edimburgo, descontento en un principio, cedió a las presiones y descartó el nombre de Casa de Mountbatten, pero su propuesta para una Casa de Edimburgo llegó a oídos de Churchill, que aconsejó a Isabel II sobre la imperiosa necesidad de que la familia real mantuviera la denominación Casa de Windsor.

A pesar de su fuerte personalidad, el duque de Edimburgo aceptó las reglas que imponía el servicio público y no dejó de acompañar a la reina en cenas de Estado, ceremonias de apertura del Parlamento, compromisos en su país o viajes al extranjero.

“La labor del duque ha sido de enorme importancia a lo largo del reinado de la Reina, como constante compañero y apoyo de la Reina, cuya función es solitaria -algo que los que respaldan la monarquía no reconocen lo suficiente- y una figura importante por derecho propio”, dijo a Efe el historiador y experto constitucional Robert Hazell, del University College London (UCL).

Según explicó Hazell, el duque de Edimburgo presidió el comité que planificó la coronación de la reina en 1953 y fue sugerencia suya que esa ceremonia -en la Abadía de Westminster- fuese televisada.

“Desde entonces, (el duque) ha sido un defensor de la modernización de la monarquía (…) es solo a través de una continua evolución y adaptación que la monarquía puede sobrevivir”, agregó.

Según los medios, la reina encontró en su esposo, el apoyo que necesitó durante las peores crisis, como la separación de los príncipes de Gales en 1992 o la muerte de Lady Di en París en 1997.

Además de la separación y divorcio del heredero de la corona británica, la soberana afrontó la ruptura matrimonial del duque de York, Andrés, de Sarah Ferguson, eventos que, sumados al incendio del castillo de Windsor, a las afueras de Londres, llevaron a la misma reina Isabel II a calificar 1992 como el “annus horribilis”.

Fuente: cooperativa.cl